Instituto y Editorial Circulo Aleph

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¡Desde el mundo invisible nos pueden atacar!

Vivimos en medio de fuerzas invisibles de las que percibimos únicamente sus efectos. Nos movemos entre formas invisibles cuyas acciones muy a menudo no percibimos en absoluto, aunque podamos ser afectados muy profundamente por ellas.

En este lado mental de la naturaleza, invisible a nuestros sentidos, intangible a nuestros instrumentos de precisión, pueden ocurrir muchas cosas que incluso no tienen efecto en el plano físico por el momento.

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Hay seres que viven en este mundo invisible como peces en el agua. Hay hombres y mujeres con mentes entrenadas, o aptitudes especiales, que pueden entrar en este mundo invisible como un buzo desciende al lecho del océano. Hay también tiempos en los que, como ocurre con los maremotos, el agua inunda la tierra, las fuerzas invisibles fluyen sobre nosotros y empantanan nuestras vidas.

Normalmente esto no ocurre. Estamos protegidos por nuestra misma incapacidad para percibir estas fuerzas invisibles. Hay cuatro condiciones, sin embargo, en las que el velo puede ser rasgado y podemos encontrarnos con el Invisible.

El Umbral del Invisible es una costa traicionera para bañarse. Hay hoyos, corrientes y arenas movedizas. El nadador fuerte, que conoce la costa, puede aventurarse con relativa seguridad. El que no sabe nadar y se deja llevar por sus impulsos puede pagar su temeridad con su vida. Pero no debemos cometer el error de pensar que estas fuerzas invisibles son necesariamente malas y enemigas de la humanidad. No son más enemigas en sí mismas que lo son el agua o el fuego, pero son potentes. Si corremos en contra suya, el resultado es desastroso para nosotros, pues hemos violado una ley natural; pero no están para atacarnos, no más de lo que nosotros estamos para atacarlas. Debemos encarar el hecho, sin embargo, de que hombres y mujeres con conocimiento de estas cosas han usado, tanto en el pasado como en el presente, ese conocimiento sin escrúpulos, y que podemos vemos envueltos en los resultados de sus acciones.

Puede decirse con seguridad que el Invisible es sólo malo y enemigo de la humanidad cuando ha sido corrompido y pervertido por las actividades de seres humanos sin escrúpulos, a los que los iniciados llaman adeptos del Sendero de la Izquierda.

Debemos considerar los signos externos y visibles de ataque psíquico antes de que estemos en posición de analizar la naturaleza de tales ataques e indicar su fuente de origen. Es una regla fundamental que el diagnóstico debe preceder al tratamiento. Hay muchas clases diferentes de ataques psíquicos, y los métodos de que se dispondrá contra uno serán inefectivos contra otro.

La forma más común de ataque psíquico es ése que procede de la mente ignorante o maligna de nuestros seres humanos compañeros. Decimos ignorante así como maligna, pues no todos los ataques son motivados deliberadamente; el daño puede ser tan accidental como el infligido por tropezar en la calle. Debe tenerse esto siempre presente, y no deberíamos imputar malicia o malignidad como una cuestión de hecho cuando sentimos que estamos siendo atacados.

Nuestro perseguidor puede ser él mismo una víctima. La persona de quien emana una vibración inadecuada puede no haberla originado ella misma. Por lo tanto, nunca deberíamos responder al ataque con el ataque, bajándonos así al nivel moral de nuestros atacantes, sino que deberíamos apoyarnos en métodos más humanos, que son, en realidad, igual de efectivos y mucho menos peligrosos de manejar.

Sergio Valdivia basado en escritos de Violet Firth.